Trasvase, desalación y guerra del campo

En el diario La Verdad del 27/7/2017, con su habitual lenguaje belicista, se incluye un recuadro titulado «La desalación desata una guerra en el campo», dentro de la noticia «Los regadíos tendrán que ceder más agua para evitar restricciones a la población». Tanto en el recuadro como en la propia noticia se describe un escenario apocalíptico de falta de recursos, donde se dibuja al regadío como gran damnificado. Mientras se solivianta a la audiencia, se cuela por medio el apoyo del gobierno murciano a las propuestas de trasvases del SCRATS, a modo de luz que se ha de seguir.

Antes de repartir culpas a diestro y siniestro convendría hacer un análisis crítico. Desde hace años, la situación actual ─o incluso peor─ es un escenario posible, predecible e incluso probable. Por ejemplo, en el borrador fantasma del plan del Tajo de 2011 se indicaba que si se mantenía la gestión del trasvase Tajo-Segura, fallaría la atención de las demandas consuntivas del Tajo y habría años sin excedentes para trasvasar. Si se elevaba el umbral de no trasvase de 240 a 400 hm³, pudiera ser que se atendieran las demandas consuntivas del Tajo, pero igualmente un 10% de los años se estaría sin excedentes trasvasables. A continuación se muestran unas figuras copiadas del documento auxiliar 4 «Modelo del eje del Tajo» del borrador fantasma del plan del Tajo de 2011 donde se muestran gráficamente los resultados:

Figuras del documento auxiliar 4 «Modelo del eje del Tajo», del borrador fantasma del PLan del Tajo de 2011, en el que se muestran los resultados para un escenario similar al actual. Se refleja la mala respuesta del sistema ante sequía, con un 10% de los años sin excedentes.
Figuras 23 y 26 del documento auxiliar 4 «Modelo del eje del Tajo», del borrador fantasma del Plan del Tajo de 2011, en el que se muestran los resultados para un escenario similar al actual. Se refleja la mala respuesta del sistema ante sequía, con un 10% de los años sin excedentes.

Había una predicción clara de que la situación actual se iba a dar. En lugar de actuar responsablemente, la Administración optó por matar al mensajero. Se censuró y condenó la planificación del Tajo, poniendo en su lugar un algo sin sustancia, mientras se trabajaba el Memorándum para intentar apretar más al Tajo. Pero autoengañarse no es la solución; con este proceder se calmó al lobby de regantes, pero el problema de la sobreexplotación sigue.

Para completar la irresponsabilidad, se criticó y demonizó la desalación, asumiéndola como una costosa herencia recibida, planteándose incluso el achatarramiento de las instalaciones para compensar en parte las pérdidas. Se mal-terminaron plantas por miedo a las sanciones europeas, pero se dejaron de lado las obras auxiliares que ahora la ministra del MAPAMA echa en falta. Mientras, la Mancomunidad de Canales del Taibilla presumía de usar la desalación lo mínimo posible. Y desde el SCRATS se alardeaba de estar regando hasta en las terrazas.

En cambio, sin las aportaciones del Trasvase todos los usuarios se lanzan a por el agua desalada. Pero el titular es «la desalación desata una guerra en el campo». El problema ahora es que no tienen capacidad suficiente cuando no hace mucho se las criticaba por no estar operando a baja ocupación ante la falta de demanda.

¿Caerán en algún momento los agentes implicados ─MAPAMA, regantes, MCT─ que el problema no es la desalación sino que se enteren de lo que es tanto la desalación como la gestión del recurso? Cuando vuelva la abundancia hidrológica, ¿se seguirá insistiendo en sobreexplotar el Tajo y dejar las desaladoras en los mínimos operativos? Mucho nos tememos que cuando pase el apuro se volverá a las andadas, sin hacer una revisión crítica de la gestión salvo la necesidad de más trasvases. Y al Tajo, a seguir ignorándolo pero extrayendo todo lo que se pueda de él.

Las «guerras del campo» que pueda haber en Murcia no son, ni mucho menos, causadas por la desalación o por el pobre Tajo. Son la consecuencia de una pésima gestión basada en la sobreexplotación del recurso, el despotismo, el desprecio a otros territorios y al medio ambiente. También del ansia de ganancia a corto plazo dando por seguro que en las malas serán rescatados, lo que significa ignorar señales y avisos. Cuando hay abundancia, a arramplar con todo lo que se pueda, y en la escasez a llorar y pedir, pues serán compensados. 

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