Tajo y Trasvase: politización sin política

Son múltiples y diversas las noticias relacionadas con el Tajo y el Trasvase Tajo-Segura en las últimas semanas, meses, años … Especialmente en medios locales y regionales, pero con cierto eco en los medios nacionales. Noticias, declaraciones, entrevistas que, tras leerlas, dan ganas de llorar o salir corriendo. Pero reflejan lo que hay.

Y lo que hay es que una cosa es lo que se dice que se hace y otra lo que se hace. Priman el postureo y la demagogia. El Tajo es prioritario por Ley, pero ahí se queda. Hay otras prioridades antes. Da igual el color del partido político que esté gobernando, que las soluciones para el Tajo, en el supuesto que se planteen siempre son en diferido, para el futuro. En los casos en los que afecta al poderoso lobby del Trasvase, en el futuro se seguirán postergando al futuro.

El problema de fondo es que el Trasvase Tajo-Segura es un fracaso. Fracaso estrepitoso que no se quiere reconocer. Sea por soberbia de nuestros expertos hidrólogos de las Administraciones Públicas o por procrastinación de la clase política, lo único que se hace es lanzar patada adelante. No se hace nada efectivo por solucionar un problema que cada vez se enquista más y más.

¿En qué quedamos? ¿En que aparece continuamente en los medios o en que no se hace nada? Pues en las dos cosas. No tenemos estadísticas, ni nos hemos molestado en hacerlas, pero seguramente el Trasvase Tajo-Segura sea la obra hidráulica sobre la que más se haya escrito en España. De la que más hayan hablado nuestros políticos. Pero intervenciones y escritos que aborden el problema real, pocos. Y cuando los ahí, pasando desapercibidos.

Es un tema muy politizado, con diferentes posiciones. Con los políticos haciendo de actores, interpretando el papel que les corresponda a su posición. Repitiéndose el mismo sainete una y otra vez, aunque cambien los figurantes. Están cómodos en sus papeles. A fin de cuentas, la rentabilidad política que puedan sacar ─sea por mejorar en su valoración o lograr mantenerse de perfil sin estropearla─ prima sobre hacer un análisis serio del problema y establecer un marco adecuado para que se planteen soluciones eficaces.

El paripé del primer plan del Tajo con el umbral de los 240 hectómetros cúbicos en Entrepeñas y Buendía no fue la solución. Ni el memorándum, subiéndolo a 400, racionando el agua del Tajo para el Tajo o blindando las reglas de explotación. Ni sobreexplotar los acuíferos del Segura. Ni destrozar el Mar Menor. Ni racanear y retrasar los caudales ecológicos del Tajo. Ni confrontar Trasvase con desalación. No vale de nada seguir insistiendo en poner parches o excusas. Por este camino, el Trasvase seguirá funcionando mal, con impactos más grandes, condicionando la gestión del agua en España.

¿Llegará el momento en que se plantee con transparencia y honestidad el problema del Trasvase Tajo-Segura, su fracaso para resolver el creciente déficit estructural del Segura y las graves afecciones que causa en el Tajo y en el Segura? A corto plazo no se vislumbra. El politiqueo no deja sitio a la política.

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